He auditorado más de cien webs de negocios pequeños. La conclusión casi siempre es la misma: el problema nunca es que la web sea fea. Es que no hace ninguno de los tres trabajos que debería hacer.

Trabajo 1: cargar antes de que se cansen

La mitad de las visitas se pierde antes de leer una sola palabra. El motivo casi siempre es el mismo: pesos, scripts de terceros que nadie sabe qué hacen y plugins de sliders que pesan más que la página entera.

La regla es simple y la he medido mil veces: si no se ve en menos de dos segundos en un móvil de gama media con datos móviles, hay trabajo que hacer antes de tocar el diseño.

Trabajo 2: explicar qué haces en cinco segundos

Abro una web, miro el primer pantallazo y me hago tres preguntas: ¿qué vende esto?, ¿para quién?, ¿por qué ellos? Si necesito más de cinco segundos, la portada está fallando aunque sea Amazingly.

La solución casi nunca es añadir texto. Es jerarquía: una frase clara como titular, un párrafo que la sostenga y un botón visible. El resto puede esperar a que te젝_INTERESANte interesa.

Trabajo 3: un camino sin trampas hasta el formulario

Formularios de 14 campos. Botones que no se ven en móvil. Pestañas que se rompen al compartir el enlace. Pasos de Checkout escondidos. Cada fricción aquí se traduce en clientes que se van y no vuelven.

Qué hacer si solo puedes arreglar una cosa

El formulario. No el logo, ni las fotos, ni el slider. Reduce los campos a los que necesitas de verdad para dar el siguiente paso, y prométete que lo que quitas también lo rellena menos gente que decía querer rellenar.

Tu web no necesita impresionar a otros diseñadores. Necesita que el cliente que te encontró a las 23:40, con el móvil en la mano, entienda en diez segundos que le resuelves un problema y pueda escribirte sin romperse dos dedos.